¿Qué podemos recomendar a los adultos mayores en tiempos de pandemia?

Debido a que la población está envejeciendo y que se estima un aumento progresivo de los adultos mayores en el mundo, es que la preocupación por esta etapa de la vida se ha venido haciendo efectiva en las conciencias individuales como colectivas. Los Estados han instaurando políticas centradas en la prevención de patologías que afectan a este grupo.

En la actualidad y viéndonos en la situación actual, se nos hace más evidente la necesidad de seguir enfocándonos en llegar lo más saludable que podamos a esta etapa, ya que la asociación de patologías como hipertensión arterial, diabetes mellitus o déficits cognitivos hacen que la morbimortalidad de otras enfermedades asociadas sea mayor, como es el caso del COVID-19.

Antes de la pandemia las recomendaciones para el bienestar físico y mental en esta etapa, se enfocaban en la socialización, mantenerse activos físicamente, tener una dieta saludable, mantener controladas patologías de base, todo lo cual se ha visto interferido. Ahora la indicación es mantenerse en casa, distancia social, no asistir a los centros comunitarios.

Esta nueva forma de vivir acarrea consecuencias que en los adultos mayores significa, aislamiento social que puede ser causa de patología de salud mental tan frecuente como son los tratornos del ánimo, un aumento del deterioro cognitivo y físico, y también aumenta el riesgo de maltrato por parte de cuidadores, ya que esta situación genera estrés para todos. A esto se suman una serie de problemas sociales, económicos y de acceso a servicios básicos e indispensables.

Es así muy importante poder definir lineamientos generales en lo que se refiere a prevención. Dentro de esto, se recomienda: mantener rutinas, como levantarse y acostarse a la misma hora; hacer ejercicio en el hogar, que sean acordes a las capacidades físicas de cada uno; mantener contacto con familiares o redes significativas de manera constante a través de teléfono, u otros medios electrónicos; tener los números de emergencia a mano, comer saludable, mantener los tratamientos y no automedicarse con cosas nuevas. También es necesario mantenerse informados, intentando contener la información a lo que entregan medios oficiales o restringirla en caso que nos genere angustia. Por otro lado, es importante reconocer nuestras capacidades de afrontamiento o adaptación que nos han ayudado en el pasado a enfrentar crisis, así como buscar nuevas estrategias de manejo emocional.

Uno de los desafíos de esto es que implica un aprendizaje, y además debemos ser capaces de desarrollar y tener la posibilidad de acceso a nuevas formas de comunicación no disponibles para todos, existiendo una serie de variables a evaluar para poder establecer recomendaciones. Es así necesario poder considerar y respetar las individualidades, como también estar todos enfocados en poder subsanar aquellas que generen mayores limitaciones o interfieran en la funcionalidad del individuo.

En salud debemos tener identificada nuestra población y administrar lo más efectivamente nuestra red, para reducir al máximo los riesgos de la población y en especial de los adultos mayores, como también estar disponibles ante la necesidad de evaluación.

En la medida que logremos el bienestar y, especialmente, nuestra salud mental, podremos convivir de mejor manera con esta crisis y con la incertidumbre que genera.

Por Marcela Rocha, psiquiatra adultos y docente del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental UdeC

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